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martes, 3 de marzo de 2009

Lenguas


Uyyyy pues ahora sí me agarraron las prisas y los temas se me juntaron. Bueno, para los que no lo saben ya estoy de regreso en la escuela y el trabajo, pero eso no será excusa para ausentarme de aquí.

Empezaré por contarles que el año pasado estuve en un centro de estudiantes extranjeros en La Trobe University, lo cual me facilitaba mucho las cosas. Para empezar, todos estábamos aprendiendo inglés, por lo tanto teníamos más o menos el mismo vocabulario, cometíamos similares errores gramaticales y nadie hacía burla si alguien se equivocaba porque muchas veces ni lo advertías. Ja, ese tiempo se acabó.


Este año me inscribí en un “Diploma of Broadcasting” y ahora sí estoy aprendiendo lo que es convivir con la raza aussie. El diplomado es sobre radio y televisión pero en su versión australiana. Una de mis primeras tareas fue crear un blog para escribir (obvio en inglés) todo lo relacionado con la radio: programas, conductores, ratings, quién controla qué, tendencias y, pues ahí vamos. Otra de las cosas nuevas es que el 85% de mis compañeros son chavitos australianos, entonces hablan hechos la chingada y con un chorro de modismos. La verdad es que a veces no les entiendo un carajo o ellos no tienen paciencia para dejarme terminar mi idea y a la primera me dicen: “yes, yes, I know what you mean…” (agrrrrrrrrr, me choca).


No sé si frustración es la palabra que mejor define ese momento, pero intuyo que tiene que ver con una necesidad básica de comunicación. Nunca se sentirá igual expresar tus sentimientos en tu lengua materna que en un segundo idioma.

Bueno, toda esta introducción y un poco más vienen a relucir porque en mis últimos meses me he llenado de cine hasta por las orejas. Para los que tampoco están enterados, participo en un programa de radio todos los sábados y me toca hablar de películas, actores y festivales de cine, así que por primera vez en mi vida vi casi todas las películas que estaban compitiendo por los Oscar. Y en consecuencia, también me chuté todo el programa de la premiación en el Teatro Kodak.


Cuando tocó la premiación a la mejor actriz de reparto por supuesto mis porras eran para Penélope Cruz. Me dio mucho gusto que ganara. Pero una de las cosas que más me emocionó esa noche fue la empatía de Penélope con mi sentimiento respecto al idioma. Supongo que por tratarse de Hollywood, Penélope no quería desentonar y muy juiciosamente escribió sus agradecimientos en inglés para que los nervios no la traicionaran. Pero al final de su breve discurso no pudo más y dejó que sus sentimientos fluyeran en su lengua materna, el español. Y lo mismo pasó con A.R. Rahman, quien se ganó una estatuilla en la categoría de mejor canción por “Jai ho", canción de Slumdog Millionaire. Cuando este músico subió al podio no pudo evitar terminar sus agradecimientos en Tamil, una de las tantas lenguas que se hablan en India.

¿Será que de verdad las emociones fluyen mejor en la lengua materna?

lunes, 11 de febrero de 2008

Mis primeros anfitriones

Todas las posibilidades estaban abiertas. Me podía tocar cualquiera. Afortunadamente, entre los casi 20 millones de australianos yo me encontré a este par: Priscilla y Luke, mis primeros anfitriones.



Y díganme si no es tener buena estrella: tienen más o menos mi edad, 29 y 30 años -dije más o menos eh-, dos perros, les gusta el cine, leer y tenemos bastantes temas en común -claro, ellos en inglés y yo en español-. Bueno, con decirles que ya armaron un grupo para que les enseñe a bailar salsa.






Estas fotos son del cumpleaños de la mamá de Priscilla, quien al no recordar mi nombre se le hizo fácil bautizarme como Tequila, jajajajaja...
Los primeros días fueron un poco difíciles. No les entendía un carajo y lo único que contestaba era: yes, yes. Pero la verdad es los aussies (así se hacen llamar algunos australianos) en general son muy pacientes, y Priscilla en particular es aún más, se detiene a explicarme cada cosa con manzanitas, hace mil gestos, sonidos y demás hasta que le entiendo.
El inglés de los australianos es bastante diferente al de los gabachos, es más parecido al del los ingleses, pero con un ligero cambio de acento. Además, por acá hay un choooorro de inmigrantes (según las estadísticas a Australia llegan personas de aproximadamente 200 países y Melbourne es una de las ciudades con mayor intercambio cultural). Así que si quiero comprar algo en una tienda probablemente hablaré con un chino, un coreano, un tailandés o un vietnamita. Si quiero tomar un taxi seguramente el conductor será indio -de la India-. Si voy por la ciudad muchos establecimientos son de japoneses, turcos, italianos, franceses, ingleses, alemanes y ahora mismo están llegando un buen de árabes con el Corán (el libro sagrado del Islam) bajo el brazo.
El Yarra River atraviesa la ciudad de Melbourne

Así que por variedad acá no paro. En verdad Melbourne es una ciudad harto cosmopolita, pero un poco pequeña para mí. Apenas 4 millones de personas; por lo que es frecuente encontrarse a alguien camino a casa -y eso que sólo llevo un mes!!-.
Pero bueno, sigamos con mis anfitriones. Ellos viven en los suburbios de Melbourne -como a una hora de la ciudad-, muy muy cerca de La Trobe -la universidad en la que estudio-.

Mi primera recamara
Desafortunadamente en esta zona, como en muchas otras, no pasa nada, bueno ni los camiones. No hay tiendas cerca, nadie se mueve, el centro comercial más cercano queda como a una hora caminando -para mí, porque acá la mayoría tiene auto y nadie anda a patín-. Y para acabarla de amolar casi todos los establecimientos cierran a las 5pm. Ya ni les cuento lo que puede pasar si un día se pierden por estas calles, ni a quien preguntarle, todas son como éstas.


La casa de Priscilla y Luke




Así que ya imaginaran mi desconcierto los primeros días, pero nada más agarré confianza y me pelé para la ciudad. A donde ahora vivo.