Sucedió hace poco. Me agarró distraída y así no más llegó el dolor, la tristeza, los pensamientos lejanos, el miedo, las añoranzas, las lágrimas… Hace casi un par de semanas mi padre estuvo en riesgo de tener una embolia. Un coraje lo mandó a la lona y le está costando un poquito reponerse. Hace casi un año sucedió lo mismo con mi madre. Y ahora, como hace un año, me hago la misma pregunta: ¿es aquí donde debo estar?
Y es que para aquellos que no conocen a mi familia he de decirles que me tocó la mejor. Para empezar somos un chorro, de ahí que siempre me guste andar en banda. Pero además somos bien solidarios unos con otros. Si uno se equivoca quizás lo juzgamos, pero nunca le damos la espalda, al contrario buscamos cómo ayudarlo. Y siempre tratamos de avanzar juntos. Porque eso es algo que mi padre siempre me ha dicho, nunca te separes.
De ahí que me pegue tanto esa canción de Rubén Blades, Amor y Control. Cada vez que la escucho no puedo evitar llorar. Así, se me ruedan las lagrimas no’mas. Y pues a la distancia ya se imaginaran. Sin embargo, también esta distancia ha matizado mis impulsos y mis dramas y aunque es difícil estar lejos también sé que esta lejanía no es para siempre.
Ayer vi a mi padre por la cámara web. Llevaba un bastón en una mano y mi hermana lo sostenía del otro lado. Su hablar era pausado y su caminar muy muy lento. Siento mucho no estar cerca de ti Don Laure, pero créeme que mi pensamiento esta mas allá, contigo, que aquí. No te me canses a mitad del camino. Recuerda que siempre debemos estar juntos. Ni uno menos.
